Bienvenida


Comunidad de personas e instituciones, unidas en la distancia, para y por un mismo proyecto: la socialización del conocimiento.

Mostrando entradas con la etiqueta terapia familiar. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta terapia familiar. Mostrar todas las entradas

Los procesos en la resiliencia familiar segun Froma Walsh

La Resiliencia Familiar es un concepto proveniente del campo de la física, con diferentes significados según los ámbitos aplicados, pero con el común denominador que es una capacidad para soportar adversidades y recuperarse de ellas con éxito.

En relación a los primeros estudios sobre la resiliencia individual,  existen dos grandes grupos de teóricos:
- los estadounidenses: el concepto hace principalmente referencia al proceso de afrontamiento que ayuda a la persona a mantenerse intacta
- los franceses: vinculado al concepto de crecimiento postraumático; la capacidad de salir indemne de una experiencia adversa, aprender de ella y mejorar.

Ya en el siglo XXI el avance fue notable, considerando la resiliencia como una construcción relacional selectiva (Kalawski & Haz, 2003) y bastante presente en la vida cotidiana (Masten & Obradovic, 2006).

Estas dos ideas condicionaron los estudios a realizar, llegando finalmente a un modelo eco-sistémico de la resiliencia humana (Masten & Obradovic, 2006), con una visión multidisciplinaria.

Estas ideas, y esta visión quedan muy bien recogidas en la definición que da R. Pereira sobre la resiliencia individual, convirtiéndose en el preámbulo del nuevo concepto: Resiliencia Familiar.

“La resiliencia es un proceso dinámico, que tienen lugar a lo largo del tiempo, y se sustenta en la interacción existente entre la persona y el entorno, entre la familia y el medio social. Es el resultado de un equilibrio entre factores de riesgo, factores protectores y personalidad de cada individuo, funcionalidad y estructura familiar, y puede variar en con el transcurso del tiempo y con los cambios de contexto. Implica algo más que sobrevivir, más o menos indemne, al acontecimiento traumático, a las circunstancias adversas. Incluye la capacidad de ser transformado por ellas e incluso construir sobre ellas, dotándolas de sentido, y permitiendo no sólo continuar viviendo, sino tener éxito en algún aspecto vital y poder disfrutar de la vida. La resiliencia se construye en la relación”. 
(R. Pereira)





Segun FROMA WALSH, el foco de la Resiliencia Familiar se sitúa en la familia (como unidad funcional) y a los procesos que en ella se dan, así como el entorno social en el cual se desarrolla. Es por eso que Walsh defiende:
- Una perspectiva ecológica, porque los problemas son fruto de la interacción entre la vulnerabilidad familiar y los contextos sociales, por eso estos últimos se pueden interpretar como ambientes útiles para propiciar la resiliencia.
- Una perspectiva de desarrollo, dado que las capacidades de superación y afrontamiento van variando a lo largo del tiempo, según la previsibilidad de estos, etc.

Los PROCESOS CLAVE para la resiliencia familiar, según Walsh son: Sistema de Creencias, Patrones de Organización y Procesos Comunicativos, los cuales tienen su VINCULACIÓN CON
LA VISIÓN SISTÉMICA.

El Sistema de Creencias sirve a la familia para dar sentido a lo que les esta pasando. Trabajar las creencias implica: dar sentido a la adversidad, generar una mirada positiva, y contar con la trascendencia y la espiritualidad.

A través de la terapia sistémica se trabaja para co-construir nuevos significados con la familia, empoderandola y transmitiéndole que puede hacerlo. La narrativa y los relatos (la construcción de significados a través de las palabras) elaborados por las emociones causadas por los hechos traumáticos, nos ayudan a integrar la propia historia (Bertram Cohler). Una narrativa que potencia la resiliencia familiar tiene que estar basada en aquellas creencias compartidas, que aumenten las opciones para resolver los problemas, para alcanzar la salud y el crecimiento común.

El trabajo a partir de los Patrones de Organización busca que la familia llegue a ser flexible (apertura al cambio, estabilidad en medio de la crisis, liderazgo fuerte, igualdad en el sistema parental….), muestre una aptitud para el cambio, y sepa y pueda contar con los recursos sociales y económicos (seguridad económica, movilización de redes sociales…).

La flexibilidad del sistema aporta el equilibro necesario entre la homeostasis y la morfogénesis. Será en los aspectos estables como las reglas, los roles, los patrones de interacción (rituales y rutinas) donde los individuos encontraran la seguridad, pero a la vez todos estos aspectos tienen que ser lo suficientemente flexibles para adaptarse a las situaciones adversas. Como diría Walsh, “dar un salto adelante”.

En relación a la conexión emocional, la intervención irá encaminada al establecimiento de fronteras claras entre miembros y entre generaciones preservando así la organización jerárquica, reforzando el liderazgo y la autoridad, al mismo tiempo que ofreciendo un sentimiento se seguridad a todos los miembros de la familia.

Los recursos sociales y económicos también forman parte de este grupo. Haciendo referencia al concepto de sistema abierto defendido por Satir y Whithaker (entre otros) toma importancia el papel de los recursos sociales y la familia extensa como factores de protección ante las crisis.

Finalmente, los Procesos Comunicativos ayudan a expresar las emociones abiertamente, a clarificar situaciones ambiguas, a dar respuestas empáticas, y a promover la colaboración como método para resolver problemas. Aspectos que cambian un modo de reaccionar crítico ante las adversidades, por una postura positiva hacia el futuro. Walsh delimita cuales son las características más importantes para que una buena comunicación ayude a crear resiliencia familiar. La claridad y la congruencia en los mensajes, la expresión emocional sincera (conectando con la idea de inteligencia emocional de Goleman), y la resolución cooperativa de los problemas.

A modo de conclusión, haciendo algunas REFLEXIONES SOBRE LA APLICABILIDAD DEL CONCEPTO EN LA TERAPIA, se pueden utilizar las ideas de Walsh como mapa conceptual a la hora de diseñar las intervenciones con las familias. Teniendo en cuenta la importancia del sistema de creencias y por consiguiente los relatos narrativos que genera, una de las tareas principales de la terapia consistirá en el esfuerzo por ayudar a la familia a reorganizar su relato de vida, e aquí la importancia de las técnicas narrativas.

Haciendo una mirada más amplia de los modelos de organización del sistema familiar será importante una intervención multisistemica, con representación de todos los
agentes implicados.

Y finalmente, en el ámbito de los procesos de comunicación destacar la importancia
del trabajo en red y las coordinaciones entre servicios a la hora de la intervención.

GLÒRIA TORRENTS
Psicòloga i Terapeuta Familiar.




Licencia Creative Commons"Roma Walsh y los Procesos en la Resiliencia Familiar" se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-CompartirIgual 3.0 Unported

La fuerza terapéutica de la metáfora

Cuando me matriculé en el Máster de terapia familiar socioeducativa, mi madre me preguntó para qué servía esto de la terapia familiar. Comencé por explicarle que una familia es un todo en el que cada miembro ocupa su lugar. Pero, ¿cómo seguir la explicación para que me comprendiera? Pensé que la mejor manera de ejemplificárselo sería usando una metáfora. “Mira mama, una familia es como una orquesta, formada por diferentes instrumentos, cada uno con una forma y un sonido diferenciado. Cada uno de los instrumentos forma parte de una sinfonía final, pero no podemos entender la sinfonía sólo escuchando los instrumentos uno por uno. Por eso en terapia familiar participan todos los miembros de la familia, siendo el terapeuta una especie de director de orquesta”. Si le hubiera dado una explicación demasiado teórica quizás mi madre no me hubiese comprendido. En ese sentido podemos decir que las metáforas funcionan como elemento clarificador y a la vez sirven de instrumento para ejemplificar aquello que queremos expresar de una manera más fácil.



Pero, ¿qué son las metáforas? La metáfora, del latín metaphora, y éste del griego homónimo que significa traslación, es un artificio del lenguaje que consiste en la aplicación de una palabra o una expresión a un objeto o a un concepto, al cual no denota literalmente, con el fin de sugerir una comparación y facilitar su comprensión. Etimológicamente significa “transferencia a una palabra del sentido de otra”.  La Real Academia de la Lengua Española la define como: “tropo que consiste en trasladar el sentido recto de las voces en otro figurado, en virtud de una comparación tácita. Alegoría en que unas palabras se toman en sentido recto y otras en sentido figurado”. La metáfora podría describirse como el proceso por el que se atribuye un nombre apropiado a una persona o cosa, con base en una analogía o en una comparación sobreentendida. Así cuando decimos que “alguien se muere de ganas” el oyente sabe que la idea que queremos transmitirle no es que la vida de esa persona está concluyendo, sino que su deseo es muy intenso.

La metáfora se expresa con palabras pero habitualmente nos remite a imágenes. Se dice que la percibimos a través del hemisferio derecho del cerebro, siendo esta zona la menos consciente de la persona, con lo que no se ponen en juego las defensas racionalizadoras. Expresiones como “con el agua al cuello” o “pillarse los dedos” nadie las entiende en su sentido literal, sino metafórico. La mayoría de refranes por ejemplo son expresiones metafóricas: “en boca cerrada no entran moscas”, “a quien buen árbol se arrima buena sombra le cobija”, etc. Cualquiera de estas expresiones o refranes evocan en quien las escucha una imagen que tiene un efecto impactante, del tipo “una imagen vale más que mil palabras”.

Vivimos en una cultura en la que se nos enseña a pensar de forma lógica-racional, en la familia, en la escuela, en el trabajo. Por ello, cuando tenemos un problema intentamos abordarlo de la forma más "racional" posible. Aunque emociones y procesos inconscientes afecten nuestras decisiones, nosotros intentamos o nos creemos que lo afrontamos todo de forma racional. El lenguaje explicativo, que se basa en el razonamiento, tiende a aislar y a fragmentar, a describir un hecho seguido de otro, de manera lineal. El lenguaje metafórico tiende a sintetizar y a combinar, une diferentes niveles de pensamiento y toca los sentimientos (Peggy Papp) y es determinante en la comprensión de las relaciones, alianzas, distancias emotivas, resistencias al cambio, etc. por lo que se genera una comprensión circular, sistémica.

Las metáforas, así como los relatos, llevan usándose desde hace muchos siglos para transmitir valores, conocimientos y tradiciones dentro de cada cultura. Podemos encontrar metáforas en la Biblia, en los cuentos y leyendas de las diferentes culturas, etc. No se limitan a las figuras retóricas sino que pueden encontrarse en varios ámbitos de la vida, pudiendo usarse con personas de cualquier edad e ideología. Historias, cuentos, anécdotas, metáforas, todos estos recursos tienen en común que siempre abordan un problema, transmiten un mensaje o expresan un principio moral. Lo que distingue a la metáfora del resto de recursos antes mencionados es la combinación de dos aspectos:
- Constituyen una forma de comunicación simbólica expresamente diseñada,
- Tienen una intención curativa o terapéutica.

La metáfora es otra forma de comunicar dentro del género de la historia. Toma una expresión de un campo de la experiencia y lo emplea para decir algo sobre otro campo de la experiencia. Implica establecer una comparación entre cosas que no son realmente iguales. Por eso puede usarse para aplicar una descripción, frase o historia a un objeto o acción que guarda un parecido imaginario, pero no literal. Es esa asociación imaginaria o simbólica lo que da a la metáfora fuerza terapéutica.
Las metáforas son recursos que, como hemos visto, solemos usar en nuestra cotidianidad y por tanto su uso puede trasladarse al contexto terapéutico, siendo expresadas por las familias y retomadas por el/la terapeuta o bien usadas por este/a como herramienta terapéutica. La elaboración simbólica que promueve la metáfora es muy importante en terapia, sobre todo cuando recoge elementos de la propia experiencia y del lenguaje de las familias o de alguno de sus miembros, permitiéndoles llegar a elaborar sus propias conclusiones.

La utilización de las metáforas se convierte en una herramienta ideal para la motivación, la comprensión y el cambio. La creatividad y el acierto de la metáfora activan el potencial humano de una forma natural; desbloqueando, liberando y construyendo algo nuevo. Aquello que es difícil de ser explicado con argumentos lógicos y teóricos puede ser explicado y comprendido mediante metáforas. Y todo aquello que no superan las palabras, sí lo hacen las metáforas.

SONIA BADIA
Educadora Social, Pedagoga, Terapeuta Familiar.
Trabaja en el Centro de acogida Talaia.



Licencia Creative Commons"La fuerza terapéutica de la metáfora" se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-CompartirIgual 3.0 Unported

Un cuento metafórico para la familia

Realizar una devolutiva a una familia que ha mostrado una evolución positiva en su proceso terapéutico puede realizarse de muchas maneras...una de ellas, sería el cuento metafórico.  El empleo de la narrativa nos puede servir para redefinir el problema y al mismo tiempo generar un espacio  que  les anime a escuchar y les haga sentirse apoyados y respaldados.

Antes de iniciar con la devolutiva en forma de cuento , hagamos un breve resumen de las distintas etapas por las que ha pasado el proceso terapéutico realizado:


I. La  familia se presentan como una familia  feliz donde el único miembro problemático es Juan, el hijo pequeño.

II. Posteriormente se reconocen, además, otras dificultades familiares donde el conflicto parental y conyugal son omnipresentes. 

III. Se evidencia un alejamiento emocional de los cónyuges así como una fría y distante relación en el subsistema fraternal. 

IV. Se observa la existencia de coaliciones y alianzas producidas por la dinámica familiar.

V. Se orienta a los padres a posicionarse ante esta situación, ya que entienden que su actitud está afectando el funcionamiento familiar y comprenden que la conducta de Juan puede corresponder a una protesta ante los problemas familiares.

VI. La mejora producida en el subsistema conyugal y parental ha propiciado una mejora en la conducta de Juan, así como en el subsistema fraternal.

VII. La familia ha empezado a funcionar como un sistema saludable y nutricio, donde cada subsistema tiene los límites mejor definidos y donde la cooperación, la unión, la comunicación, la empatía, etcétera tienen cabida.



/www.flickr.com/photos/seandreilinger/3982067599


EL CUENTO: La tiza mágica

Buenas tardes familia. Durante varias sesiones cada uno de vosotros me habéis explicado un precioso cuento, el cuento de la vida de la familia Pérez Grau.

Hoy me toca a mí explicaros un cuento, que he escrito pensando en todos vosotros; se titula, La tiza mágica.

Dice así:

En un país y en un tiempo no muy lejano, vivían dos familias, cada una de ellas con sus hijos e hijas. Ambas familias eran muy trabajadoras y en ellas, las madres jugaban un papel muy importante. De esas familias, los hijos mayores  se enamoraron, cuando todavía eran muy jóvenes; y  el amor que sentía el uno por el otro era tan grande que decidieron compartir su vida, juntos. El día de su boda recibieron muchos regalos, enseres, objetos de decoración y hasta un poco de dinero, que les permitiría empezar su vida en pareja con un poco de tranquilidad. Pero uno de los regalos que les hicieron era muy especial: una caja de tizas mágicas. La persona que se las regaló, al que ninguno de los dos recuerda haber invitado les dijo:

- Aquí os dejo un regalo muy especial. En esta pizarra, cualquier cosa que dibujéis se hará realidad, pero cuidado con dibujar cosas vivas porque todo lo que dibujéis el viento se lo puede llevar.

Los nuevos esposos no entendieron muy bien lo que quería decir este mago y empezaron a dibujar: primero se dibujaron a ellos mismos, viviendo en una casa, con un coche, …y todo iba apareciendo de la nada. Hasta que un día decidieron dibujar a dos bebés; primero a una niña y luego a un niño.  Al poco de estar casados la familia había aumentado hasta ser cuatro personas la que la formaban. El cuidado de los niños les ocupó tanto tiempo que ambos olvidaron la caja de las  tizas y la advertencia del mago. El padre cada día tenía que trabajar más fuera de casa por lo que llegaba muy cansado. La madre se ocupaba de los niños y del hogar, casi siempre en solitario,  y deseaba ver a su marido, pero éste llegaba tan cansado a casa que no era capaz de escuchar lo que le decía su mujer. Por lo que poco a poco, esa relación se fue deteriorando, hasta el punto que los hijos ya no querían que sus padres se enfadaran y, especialmente el hijo pequeño, se sintió desplazado por el malestar que le producía ver cómo sus padres cada día se peleaban más. La hija también sufría al ver cómo su madre lloraba en la habitación y por ello, se hizo la compañera de la madre, y empezó a cuidarla, como si ella fuera su verdadera madre.

En un momento crítico, donde la familia no sabía por qué su vida se había deteriorado tanto, alguien llamó a su puerta: era el mago que pasaba por su aldea y les preguntó si recordaban el mensaje que les dio el día de su boda:

“En esta pizarra, cualquier cosa que dibujéis se hará realidad, pero cuidado con dibujar cosas vivas porque todo lo que dibujéis el viento se lo puede llevar”.

Entonces se dieron cuenta que hacía años que no sabían nada de esa pizarra y ambos padres se pusieron a buscarla por toda la casa. Era la primera cosa que hacían juntos desde hacía años. Y cuando la encontraron no pudieron hacer otra cosa que emocionarse y sus ojos se llenaron de lágrimas: el dibujo que casi se había borrado era el que se hicieron el día de su boda. Estaban fantásticos, elegantes, felices. Pero apenas era reconocible. Encontraron la caja de tizas y ambos decidieron volver a dibujarlo. Mientras lo hacían, volvían a recuperar aquéllos recuerdos que los unieron, las promesas que se hicieron y cómo vibraban el uno con el otro, sólo cogiéndose de la mano. Conforme el dibujo iba cogiendo forma, la pareja volvía a sentirse unida y el proyecto de vida que ambos hicieron cuando eran muy jóvenes, volvió a ser una realidad en este momento.

-¿Qué os ha parecido el cuento?, ¿hay alguna cosa que os evoque algún recuerdo o experiencia?
Pues es precisamente ésta la devolución que os quiero dar. Aunque haga muchos años que vivís juntos no por eso se tiene que dar por sentado que no hace falta preocuparse por el otro, ya que la relación de pareja hay que seguir cultivándola, tanto como adultos que se siguen queriendo, como padres que tienen que hacer mayores a sus hijos y enseñarles, también a ser felices. El reencuentro que habéis tenido ha sido el mismo que el de los protagonistas del cuento: volver a dibujar el proyecto que os unió y sólo recordar los que sentíais el uno por el otro ha conseguido que volváis a necesitar estar juntos. Y vuestros hijos, os lo han agradecido porque os quieren ver felices y sin conflictos familiares. En una ocasión os dije que los hijos bailan la música que los padres tocan, y eso se produce tanto para la buena música como para la mala. Ese baile que ahora habéis recuperado a vuestros hijos les encanta y a vosotros os ha devuelto la felicidad de vivir en pareja.

JOAN TORRALBA
Psicopedagog





Licencia Creative Commons"Un cuento metafórico" se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-CompartirIgual 3.0 Unported

Musicoterapia en Terapia Familiar

La Musicoterapia, utilizada desde hace más de seis décadas como tratamiento eficaz para diferentes problemáticas individuales y grupales, no cuenta con demasiadas investigaciones sobre su utilización en el ámbito de la Terapia Familiar.

La Musicoterapia como una disciplina que a través del sonido, el silencio y el movimiento pretende contribuir a la restauración de la salud, y el bienestar de un paciente identificado y el sistema familiar al cual pertenece, incidiendo sobre los patrones relacionales disfuncionales y rescatando las capacidades individuales y grupales con las que cuentan.

En el IX Congreso Mundial de Musicoterapia que se realizó en 1999 en la ciudad de Washington, Estados Unidos, hubo un reconocimiento por parte de la comunidad de musicoterapéutas de todo el mundo, de cinco modelos teóricos (Schapira, 2002):

Modelo de Musicoterapia Behaviorista o Modelo Conductista.
Modelo de Musicoterapia Analítica de Mary Priestley.
Modelo Benenzon.
Modelo Nordoff Robbins o de Musicoterapia Creativa e Improvisacional.
Modelo GIM.

Algunas de las fuentes principales que nutren la epistemología de la Terapia Familiar coinciden con los principios fundamentales de la Musicoterapia:

Principio holístico: Mirar a un todo funcional y comprender la interdependencia de sus partes, o sea, analizar cómo una determinada parte de un todo se relaciona con las otras partes del mismo todo. En todo cambio terapéutico en el que interviene la música se ven involucrados las áreas fisiológica, cognitiva, emocional, social y espiritual.

Principio ecológico: Tener en cuenta al individuo inserto en su medio. La teoría sistémica considera un sistema (individuo) inserto en otro sistema (familia), el cual a su vez está incluido dentro de otro (sociedad). La musicoterapia también toma en cuenta a las personas con respecto a sus relaciones interpersonales, a los hechos significativos que les acontecen y los integra al devenir terapéutico.

Principio de circularidad: Todos influyen en todos, la actividad de uno de los elementos tiene la capacidad de variar el contexto en que se sitúa.

Principio homeostático: La música contribuye a la homeostasis intelectual, social, familiar, etc. del individuo, a su equilibrio personal.

Segunda cibernética: En la teoría sistémica, el concepto de sistema terapéutico alude a la inclusión del terapeuta en el sistema familiar (el terapeuta debe tener en cuenta como afecta su inserción al sistema). En la musicoterapia, el terapeuta es el encargado de observar y guiar lo que acontece en la escena terapéutica, pero como parte del sistema observado.


La Terapia Familiar contempla a las familias desde su sistema de roles, a partir del conjunto de funciones que asume cada miembro; dicha relación de roles es también inherente a cualquier actividad musical, lo que hace que en determinadas circunstancias haya solistas y acompañantes, y como tal, es abordada desde la Musicoterapia. La Musicoterapia, al igual que la Terapia Familiar, centra su mirada en las reglas, musicales y familiares respectivamente, entendidas éstas como los “acuerdos” entre los miembros de la familia – experiencia musical para obrar de un determinado modo. La Terapia Familiar plantea que un sistema familiar aglutina diferentes subsistemas (conyugal, parental, fraterno, etc.), de la misma manera que la Musicoterapia entiende que la música, concretamente su organización instrumental, está compuesta por diferentes subsistemas musicales: percusión, cuerda y viento. En conclusión, cualquier actividad musical grupal representa una metáfora perfecta de cómo funciona un sistema familiar, y viceversa, la conjugación de objetivos comunes e individuales bajo un sistema de reglas compartido, la adecuada definición de roles y la comunicación entre los miembros como pilar fundamental, son parte de los elementos necesarios para que tanto la experiencia familiar como musical sea positiva.

Los vínculos afectivos cuando las mamás son adolescentes tuteladas


Aprovecho este espacio para plantear algunas preguntas para la reflexión, el debate y la construcción de la intervención. De alguna manera, la narrativa reflejada en este artículo de blog está relacionada y construida en base al proceso de intervención que llevamos a cabo en el contexto de la RESIDENCIA MATERNAL ANTAVIANA d'EDUVIC SCCL, a cuyos profesionales nos resultarán muy útiles las aportaciones que podáis realizar, con lo cual ahí va nuestro agradecimiento por adelantado.

¿A QUIEN “CUIDAMOS” Y COMO CONSTRUIMOS LOS PROCESOS DE  VINCULACIÓN CUANDO LOS PROFESIONALES ASUMIMOS LA RESPONSABILIDAD DE ATENDER Y DAR RESPUESTA A LAS NECESIDADES DE LAS ADOLESCENTES TUTELADAS QUE SON MADRES???  Son, entre otras, algunas de las preguntas que nos planteamos  en diferentes momentos los profesionales, que desarrollamos diversos roles en el ámbito de la atención a las madres adolescentes que están en situación de tutela.

Y desde la mirada sistémico-relacional,¿ cómo lo hacemos?
¿Cuidamos a la mamá para que cuide a su bebé? ¿ cuándo intervenimos los profesionales atendiendo al bebé?, cuando la mamá se muestra poco atenta, porque no sabe, porque no puede,……..porque ella misma necesita ser cuidada? ¿Construimos un vínculo afectivo saludable con la mamá adolescente para que ello favorezca que ella misma vaya sumiendo las funciones maternas? ¿Cómo hacer para no invadir, suplantar, desconfirmar, ningunear,..?

Y LA COMPLEJIDAD ESTÁ SERVIDA!!!!

En la película “El Camello que Llora” podemos observar como los cuidados hacia la madre son favorecedores del vínculo maternofilial.

Fragmento "El Camello que llora" from Escola Itinere on Vimeo.

Nos preguntamos también, ¿qué hacemos con los vínculos que la adolescente ha construido en su ámbito “familiar de origen” y “familia creada”?; vínculos que denotan cierta fragilidad y que tienen algo que ver con la manera de hacer, sentir y construir su presente y su realidad.
¿Podemos facilitar que las figuras parentales “reparen” de alguna manera aquellas heridas producidas, el dolor y sufrimiento causado? Es decir, todo aquello que está relacionado con su situación de “adolescentes tuteladas”, todo aquello que nos viene narrado en los informes, en las coordinaciones……

 ¿Podemos favorecer que puedan construir la relación de otra manera que les permita disfrutar a la vez que generan bienestar y favorecen la crianza del nuevo miembro de la familia? Podrían cuidar a su hija que ha sido mamá, de manera saludable, en esta etapa compleja para la adolescente, desde una mirada diferente hacia ellos como familia y hacia su hija como madre???

Y ¿qué hacemos con el padre del bebé?, que bien pudiera estar presente o ausente, que pudiera ser o no la pareja de la adolescente. Con que objetivos lo incluimos en el trabajo con la adolescente y su bebé??? Y su propia familia de origen, qué papel juega en esta complejidad? Cómo se posicionan respecto a la adolescente y su maternidad? Que historia han construido sobre su hijo y la nueva configuración familiar?? Podemos ayudarles a que puedan construir una narrativa útil y unos vínculos saludables? Podrían tener una función cuidadora hacia la adolescente y su bebé?? Y cómo facilitarles la comunicación con la “otra familia de origen”?, la de la mamá claro!!

Y si la pareja de la adolescente no es el padre del bebé, pero tanto ella como él desean que asuma funciones parentales y así lo hace, ¿lo incorporamos en la intervención con qué objetivo? ¿Y la familia de esta pareja actual, cómo participa en el proceso?
A menudo observamos cómo el nacimiento de su bebé puede suponer y/o puede estar relacionado con un proceso intenso y necesario de construcción de su IDENTIDAD e INDIVIDUACIÓN en base a unas expectativas que implican un nivel de complejidad que resulta difícil de manejar, tanto para ellos como para los profesionales.  Y Cómo ello adquiere sentido y coherencia en la historia que ha elaborado sobre sí misma y sobre su entorno familiar más próximo.

Construimos unos constructos, entre otros, el de “ ADOLESCENTES Y/O MADRES” “tuteladas”, que nos facilitan en ocasiones la definición del proceso de intervención, y de alguna manera estamos planteando la explicitación de uno de los DILEMAS que tenemos y tienen que afrontar los diferentes personajes que formamos parte del contexto de intervención: profesionales, Institución, adolescente y familia.

Y además como parte del proceso, hemos de hacer pronósticos, identificar riesgos, plantear propuestas de futuro más inmediato. Y construir unos vínculos saludables en EL EQUIPO DE TRABAJO y con los demás SERVICIOS y EQUIPOS  EXTERNOS que intervienen, para que la complejidad del sistema de intervención no suponga un “riesgo y/o un problema añadido”.





Licencia Creative Commons
"Los vínculos afectivos cuando las mamás son adolescentes tuteladas" se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-CompartirIgual 3.0 Unported

Disfuncionalidad Familiar: Segunda Parte


La familia desarrolla ciertas pautas o maneras relativamente estables de relacionarse entre sí. El funcionamiento familiar se puede observar a través de la cohesión, armonía, distribución y desempeño de roles, entre otras. La forma en que la familia enfrenta las crisis evolutivas y coyunturales, la actitud ante el crecimiento individual de sus miembros y el respeto a la autonomía y el espacio del otro son elementos fundamentales para un adecuado funcionamiento del sistema familiar o para que se dé una desarmonía familiar.

En función del momento vital de una familia, hay momentos más adecuados para un tipo de funcionamiento que otro. Por ejemplo, cuando nace un hijo, establecer un sistema más aglutinado es coherente y lógico. Indica flexibilidad del sistema y por tanto, su salubridad relacional. Tanto las familias con un funcionamiento desligado como las que se caracterizan por ser aglutinadas, cuando se vuelven rígidas y disarmónicas, pueden convertirse en sistemas conflictivos. Pero es más característico en familias aglutinadas, siendo los rasgos definitorios de este tipo de funcionamiento los que caracterizan a la familias conflictivas.

Destaca en estos sistemas familiares la ausencia de definición de los límites entre subsistemas, sin saber cual es el rol que cada miembro tiene que desarrollar. Hay una inclusión de los hijos en las dinámicas conflictivas de los adultos, particularmente entre los padres pero también con miembros de la familia extensa – sin que los progenitores sean capaces de protegerlos de estas interacciones –, provocando sufrimiento y malestar en los hijos. Este se acentúa si dicha inclusión se combina con una parentalidad difuminada y delegada en otros adultos del sistema, la variabilidad en el establecimiento de normas en la educación de los hijos, un cuidado de los mismos arbitrario y una ambigüedad afectiva. En este tipo de familias, se establecen patrones de relación que pueden a llegar a ser muy perversos y que los hijos, a medida que van creciendo, van interiorizando esta realidad relacional, que desarrollaran como grandes maestros con su entorno inmediato, sea familiar o bien externo.

En ocasiones, hay un inadecuado enfrentamiento de la familia a las crisis evolutivas, impidiendo superarlas y generando dinámicas conflictivas que requieren de la intervención educativa y/o terapéutica para poder romper el círculo y volver a dinámicas constructivas. Por ejemplo, la marcha de un hijo del núcleo familiar – hecho que puede provocar lo se llama síndrome del nido vacío – requiere de una readaptación de la pareja que ha estado muchos años en un rol parental. Se puede dar que uno de los conyugues no lo acepte y empiece a mostrar síntomas – estado de ánimo depresivo, desinterés por la pareja, consumo abusivo de alcohol,... –, creándose una relación simétrica, de enfado entre los dos adultos. Una intervención permitiría romper la disfuncionalidad y crear roles más delimitados, sobretodo en función del nuevo entorno familiar. Superar estas crisis y volver a dinámicas saludables, supone que la familia es funcional y que ha tenido un “desliz”, pero que se ha recuperado. Las reglas – explícitas o implícitas – que rigen los comportamientos de los miembros entre sí mantienen la unidad y el funcionamiento del sistema, que es flexible y adaptativo a los cambios. La crisis, considerada normal en todo cambio, es episódica, volviendo el río otra vez a su cauce. Si las reglas no logran modificarse con la flexibilidad adecuada hasta recuperar el equilibrio, si lo que se produce es rigidez ante la situación, ésta se cronificará y se convertirá en disfuncional, siendo mucho más difícil romper el círculo. Se puede incluso llegar a la ruptura del sistema familiar (pudiendo llegar a ser esta ruptura la solución más funcional para el sistema, en un futuro). Este tipo de sistemas se rigen por pautas transaccionales rígidas que van desdibujando el equilibrio familiar y por tanto, su salubridad.

Disfuncionalidad Familiar: Primera parte


Grandes o pequeñas, monoparentales, urbanas, rurales, dispersas o integradas, la familia sigue siendo el grupo primario de convivencia y desarrollo, la primera escuela de la vida, con una gran función social y educativa, que define el desarrollo de sus miembros, tanto de forma individual como a nivel colectivo, de forma positiva o negativa.

La familia es fundamental para la protección de sus miembros, su estabilidad física y emocional, la conformación de valores, para dar sentido de pertenencia, siendo fuente de satisfacciones y disgustos, de alegrías y tristezas que forman parte del vivir cotidiano.

En toda familia, siempre operan dos tendencias o fuerzas que le dan la propia constitución como tal. Una tendencia centrípeta que mantiene cohesionados a sus miembros, estableciendo vínculos duraderos y profundos con una continuidad en el tiempo y otra tendencia centrífuga que permite que los miembros de una familia se diferencien, se individualicen y en algún momento vital, formen ellos mismos sus propias familias.

Este interjuego de fuerzas que nos posibilita ver la dinámica de toda familia, suele tener un alto grado de complejidad, en la que influyen muchos factores; ya que un sistema familiar no constituye una realidad bidimensional simple, sino una realidad tridimensional más compleja, en que las relaciones del pasado aterrizan en el presente y se pueden desarrollar en el futuro.

Estas fuerzas, en particular en las situaciones de crisis, pueden volverse rígidas o flexibilizarse exacerbadamente, tendiendo una de ellas a predominar. La mayoría de las familias, logran adaptarse a los cambios externos sin producir disfuncionalidades significativas. Se trata de un proceso de transición, volviendo las aguas a su propio cauce, es decir, a una salubridad relacional. Sin embargo algunas otras, ya sean por ciertas dificultades internas o por aumento de las exigencias externas no toleran el estrés y la presión, y comienzan a utilizar mecanismos disfuncionales que pueden provocar diversos trastornos.

Los periodos de crisis son etapas de desestabilización del equilibrio, periodos de cambio. Cuando la interacción entre los miembros no permite su bienestar, desestabilizándose frecuentemente las relaciones, la disfuncionalidad entra en acción.

Familias centrípetas
Este tipo de familias, también llamadas aglutinadas, tienen los siguientes rasgos característicos:
Autonomía: Puede verse perjudicada debido a que el exaltado sentido de pertenencia requiere un importante abandono de la autonomía. La carencia de una diferenciación en subsistemas desalienta la exploración y la autonomía en el dominio de los problemas. Esta característica inhibe el desarrollo cognitivo-afectivo en los niños.
Relación con el estrés: La conducta de un miembro afecta de inmediato a los otros, y el estrés de un miembro individual repercute intensamente a través de los límites y produce un rápido eco en los otros subsistemas.
Respuesta ante el cambio: Responde con excesiva rapidez e intensidad. Por ejemplo, hay una conmoción general porque el hijo no toma la sopa.
Límites: Los límites entre la familia nuclear y la de origen no se conservan bien; los que separan el subsistema parental del de los hijos se borra de manera impropia; los roles de padres y de cónyuges suelen no estar bien definidos. Los hijos no se diferencian sobre la base de la edad o nivel de maduración, de modo que el subsistema fraterno no puede contribuir adecuadamente al proceso de socialización de sus miembros.
Tendencia a la triangulación: Incapacidad para transacciones diádicas. Cada vez que hay un conflicto entre dos, interviene una tercera persona. La interacción es triádica o grupal, no diádica.
En este tipo de familias, sus miembros están mezclados y confusos. No hay manifestaciones de autonomía ni de independencia. Alguien quiere hacer de los otros “otro yo idéntico”. La familia se rige por una dinámica de poder y sometimiento en la que alguien domina y otros están dominados y controlados. Hay pérdida de identidad y por ello peligro de rotura por no poder ser “yo mismo”. La individualización y la autonomía personal resultan difíciles y sus miembros se sienten asfixiados por una dependencia exagerada. En una atmósfera tan densa, no es extraño que proliferen juegos de relación turbios, a cuya sombra pueden desarrollarse distintos trastornos psicóticos y graves manifestaciones psicosomáticas.

Una pareja tuvo dos hijos y al poco tiempo de nacer el segundo, el marido la abandonó. Ella se apoyó y recuperó a través del cariño de sus hijos, quienes entraron en una relación de dependencia respeto al núcleo familiar. A medida que iban pasando los años, el hijo mayor empezó a separarse del núcleo – se fue a estudiar fuera, conoció a una chica,... – y el pequeño cada vez estaba más apegado a la madre, a quien le parecía perfecto. Cuando el mayor se marchó definitivamente de casa, la madre y el otro hijo se unieron mucho más, cuidando él a su progenitora de forma exagerada. Los años fueron pasando y madre e hijo continuaron igual, hasta que apareció un hombre en la vida de la mujer. A medida que se iba estabilizando la pareja, el chico se iba adelgazando hasta tal punto de que fue necesario ingresarlo en un centro de trastornos alimentarios. La madre se volcó tanto por su hijo que el hombre se marchó. El chico, milagrosamente, se recuperó y ahora, con un poco de barriga, vive feliz al lado de su madre.  
Este caso es un ejemplo claro de sistema aglutinado, donde los subsistemas están entremezclados y confusos, sin que permita a sus miembros diferenciarse unos de otros y si alguien lo hace, es a expensas de otro miembro. La intervención terapéutica tendría que ir encaminada a situar a cada miembro en el rol que le corresponde, buscando las necesidades en su subsistema, dejando “tranquilo” a los otros miembros de diferente nivel.


Humor y Terapia Familiar


Seguro que todos conocemos a alguien con el que siempre nos reímos porque sabe encontrarle la parte divertida a cualquier situación. Con él o ella nos sentimos cómodos porque nos ayuda a pasar un buen rato, a olvidarnos de los quehaceres y obligaciones diarias. Si hemos estado a gusto durante ese rato, cuando nos volvemos a la dinámica diaria, estamos mejor, con mejor sintonía con nosotros mismos y con los demás. Entonces somos más capaces de relativizar los conflictos y malos rollos que podamos encontrarnos.

La capacidad de ver la vida desde esta óptica, nos ayuda a tirar adelante con más tranquilidad y seguridad, sin magnificar los acontecimientos, sino todo el contrario, relativizándolos. Muchas veces, las familias cuando vienen a terapia quieren una solución mágica a sus problemas pero también quieren que les digamos que esos problemas no son tan grandes, porque de esta manera será más fácil superarlos. Una de las formas más agradables de relativizar los conflictos familiares es tratándolos con humor, porque así se hacen más humanos y más fáciles de gestionar.


Otro ejemplo más allà del chiste gráfico: había un matrimonio al que llamaban los “angustios” porque siempre estaban preocupados por sus hijos. Cuando nacieron no podían dormir por si dejaban de respirar, después se preocupaban de si la comida era la adecuada a la edad, después sufrieron por el tipo de colegio que les tocó (ambiente, currículum académico,...) y así un sin fin de angustias. Esta preocupación excesiva, que no vamos a analizar sistémicamente, se podía tratar empáticamente con el dolor que transmitían los padres, es decir, hacerles llegar que comprendemos su dolor, nos ponemos en el caparazón de los “angustios” y buscamos estrategias de intervención que les ayude a salir de este funcionamiento. Pero también se podía empatizar con la familia tratando la angustia también con humor, para que pudieran ser conscientes de ello des de la desdramatización. Muchas veces caemos en el pesimismo de las familias y una manera de romper esa dinámica es dándole la vuelta al drama. Este matrimonio trajo el humor a la terapia con una metáfora, si continuamos ese camino, con otra metáfora, seguramente les llegará antes nuestro mensaje que si nos ponemos dramáticos.

El humor también permite tratar conflictos familiares muy graves, los cuales si se tratan desde una óptica dolorosa, sería muy difícil salir de la queja y del pesimismo.  A través del humor podemos hacer más fácilmente una crítica de la realidad que nos ha tocado vivir, des-centrarnos del dolor y poder construir una actitud más positiva delante esta realidad. 


El Genograma Trigeneracional, un regalo para la familia


El genograma trigeneracional es un instrumento muy útil en la intervención familiar sistémica. Siguiendo las directrices marcadas por McGoldrick y Gerson en su libro “Genogramas en la evaluación familiar”, podemos construir una fotografía del sistema familiar. Una fotografía en la que veremos representada la estructura, las informaciones más significativas y los vínculos relacionales entre los miembros de este sistema.

La gran utilidad del genograma trigeneracional, radica en su versatilidad a la hora de utilizarlo como herramienta que nos sirve para ir construyendo la historia familiar junto con la familia. Se trata de acompañarlos en la narración de su historia. A medida que van explicando cómo es la configuración de su mundo familiar pueden comprender de manera más amplia como son sus relaciones, y cómo su propuesta relacional hacia los otros miembros de la familia puede influir en la dinámica familiar. Construir el genograma con la familia tiene la ventaja de poder dar voz a todos sus miembros, el hacerlos participar a todos en la construcción permite que cada uno exprese su percepción y vivencia de la historia familiar, y que los demás puedan escuchar una versión diferente a la suya. Incluso en intervenciones individuales, la mirada sistémica facilita que la persona se escuche a si misma poniendo palabras a su biografía familiar.

Al mismo tiempo, el hecho de que éste genograma sea trigeneracional, contribuye a las personas a poderse situar en los diferentes roles que asumen dentro de las misma familia. Somos hijos de nuestros padres, hermanos de nuestros hermanos, padres de nuestros hijos, nietos de nuestro abuelos... y eso permite que podamos ponernos en los zapatos de un hijo, un hermano, un padre... y poder empatizar con sus sentimientos y emociones.

Desde la terapia familiar socioeducativa, tanto en la formación que ofrecemos a través de la Escuela Itinere, como en los servicios de terapia familiar desplegados mediante la Plataforma Cruílla,  utilizamos el genograma tanto como herramienta diagnóstica como, como herramienta de intervención, y es en realidad en el ámbito de la intervención donde cobra todo su sentido. Es a través del genograma que nos vinculamos con la familia, la conocemos y le ayudamos a que se reconozcan.



El genograma es algo vivo, dinámico. En él podemos observar en que etapa del ciclo vital se encuentra la familia, si hay sucesos excepcionales o configuraciones inusuales, y además podemos ir modificándolo a medida que avanza el proceso terapéutico. Es en el análisis del genograma donde en el entramado de símbolos, edades, pautas vinculares, alianzas, coaliciones,  e informaciones varias, se nos van desvelando las hipótesis, estas hipótesis a veces son plausibles y otras no tanto. Y son esas hipótesis las que nos irán guiando en la intervención a medida que las podamos ir corroborando o refutando.

Esa versatilidad del genograma es la que ha permitido que su uso se pueda adaptar a la sociedad actual, pero debemos estar atentos a la diversidad de configuraciones familiares con las que nos encontramos en nuestro trabajo diario, y encontrar la manera de representarlas en el gráfico. Todos sabemos como dibujar una separación, pero ¿como dibujamos un hijo cuya madre ha decidido ser madre soltera mediante una  fecundación in vitro? Éste es solo un ejemplo de las diversas situaciones que nos podemos encontrar en la actualidad y debemos ser capaces de  manejarlas con la misma facilidad que las otras para que tengan la misma utilidad en la intervención terapéutica.

Para los profesionales que trabajamos con familias en la cooperativa Eduvic, y socializamos nuestro conocimiento a través de la Escuela y la Red Itinere, la “magia” del genograma trigeneracional radica en el hecho de que la familia narra su historia, y esa narración hecha con el acompañamiento del terapeuta, les puede servir para ampliar la comprensión sobre el funcionamiento de su sistema familiar, y así poder transformar la dinámica familiar disfuncional en un funcionamiento más saludable.




ESCOLA ITINERE 





Licencia Creative Commons 
"El Genograma Trigeneraciona, un regalo para la familia" se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-CompartirIgual 3.0 Unported 

Las hipotesis sistemicas en la intervención con familias

Las hipótesis son planteadas por el terapeuta o el equipo de profesionales que trabaja con el sistema familiar. Estas empiezan a ser planteadas des del inicio (y durante) del proceso de trabajo con la familia. Es el punto de partida en el trabajo de investigación del terapeuta. Las hipótesis, tanto acertadas como erróneas, son fundamentales en el trabajo con familia, estas nos ayudaran a guiar la terapia, o por otro lado nos ayudaran a descartar aspectos concretos.

El terapeuta familiar o el equipo de profesionales que trabaja con la familia se plantea una o varias primeras hipótesis en el primer momento de contacto con la familia; cuando se realiza la ficha telefónica, ya sea con un propio miembro de la familia, como con un profesional externo, como por ejemplo puede ser un Trabajador Social que deriva el caso. Estos primeros planteamientos tomaran forma o serán descartados durante el proceso de trabajo con la familia.

A partir de las sesiones de trabajo familiar se realizaran hipótesis concretas:
  • En primer lugar, se realizará un trabajo conjunto con la familia, en el cual podemos plantearnos distintas hipótesis sobre el sistema nuclear concreto con el que nos encontramos.
  • Poco a poco el terapeuta desfragmentará el sistema familiar trabajando sobre el sistema conyugal, parental, filial y fraternal. En este punto de trabajo aparecerán nuevas hipótesis concretas sobre los sistemas abordados.
  • A medida que se avanza en el trabajo con el sistema se abordara las familias extensas para poder conocer mejor los antecedentes familiares. En este punto el terapeuta podrá formularse nuevas hipótesis acerca de todo la estructura familiar global. En este punto será fundamental el trabajo que el terapeuta realice con la familia nuclear. Es decir a través de la elaboración del genograma trigeneracional y de este en concreto el terapeuta obtendrá nuevas hipótesis de trabajo.

El trabajo con familias desde medio abierto

Os dejamos el video de la segunda sesión de Miradas (Espacio para el debate interdisciplinar). La charla la realizó Anna Vicente, psicóloga y terapeuta familiar del Centro Abierto XICS Sta.Coloma y docente de la Escola ITINERE.

La intervención conjuntiva

Aqui podreis ver la 1a Sesión de Miradas de l'Escola Itinere a cargo  la DRA. JOANA ALEGRET Psiquiatra, Terapeuta familiar, Supervisora y Docent, co-autora de: “Adolescentes” (Ed. Graó, Barcelona, 2005); y co-autora de: “El modelo sistémico ante la familia multiproblemática en Servicios Sociales”.
Os dejamos el vido de su presentación de su trabajo "La Intervención Conjuntiva"